Archivo para agosto, 2019

Hoy, correr en ayunas y luego… ¡des-ayunar!

Posted in carrera de montaña, Running, Sin categoría with tags , , , on 30 agosto, 2019 by kitesandwind

Nunca me había dado cuenta del significado de la palabra desayuno hasta que hoy le dije a Lucía “hoy me toca correr en ayunas y luego desayunar” … Pues claro, ¿Qué vas a hacer después de ayunar?, pues ¡desayunar!” Obvio, ¿no?… Será obvio, pero nunca en mi medio siglo de vida me di cuenta de lo que hacía realmente al desayunar…

 

 

Para que palabras como desayuno o desayunar estén tan extendidas, y signifiquen algo tan claro como “romper el ayuno”, debe ser que esto de ayunar y desayunar es algo tan antiguo como la humanidad… ¡Y yo que pensaba que estaba haciendo algo “moderno” por ayunar y desayunar!

 

Si uno rebusca, se da cuenta de que en inglés significa exactamente lo mismo: “breakfast” romper el ayuno (fast). Y en francés igual: “déjeneur” romper el ayuno (jeûne). En alemán se les va un poco la olla y desayuno (Frühstück), significa simplemente ‘comida de la hora que quieras’.

 

Pero al menos en tres idiomas se hace alusión al evidente hecho de que mientras duermes, no comes. Y eso significa un ayuno de varias horas. De hecho, distintas dietas aprovechan esto para alargar un poco más el ayuno, cenando pronto y desayunando tarde y dejando libre el estómago durante 14 o 16 horas sin mucho esfuerzo, ya que la mitad de ese tiempo estamos durmiendo. Este ayuno extendido tiene efectos beneficiosos y ayuda a regular muchas funciones vitales, aunque como todo, no es una opción milagrosa ni apta para todos los públicos. En ocasiones se presenta como una opción para perder peso, pero se ha visto que en realidad no es muy útil para perder peso y que no funciona por sí sóla, ya que, para perder peso, este ayuno debe ir acompañado de más cosas: regular la ingesta en el “desayuno” y no atiborrarse, hacer ejercicio, etc.

 

En mi caso, como en el de la mayoría de atletas que buscamos inducir adaptaciones de ultrarresistencia, el ayuno, y el correr (o hacer ejercicio aeróbico) en ayunas, ayuda a entrenar el metabolismo de las grasas, y que el cuerpo aprenda a usarlas pronto y bien como fuente de energía. Las grasas contienen mucha energía, y por eso el cuerpo la almacena, por si acaso vienen malos tiempos. Pero la transformación de la grasa en energía (el proceso inverso a comernos un torrezno, es decir, deshacer los “torreznos” que tenemos a modo de reservas de grasas por todo el cuerpo) se hace lentamente, mucho más lentamente que la transformación de los azúcares en energía. Por eso el cuerpo usa primero el azúcar, empezando por el que tiene más a mano, en la sangre, en forma de glucosa. Cuando se acaba (dura algunos minutos si el ejercicio es intenso), empieza a consumir el glucógeno (el “hermano mayor” de la glucosa, un azúcar más complejo que se acaba desmontando en unidades de glucosa) almacenado en músculos y después el almacenado en el hígado. Estas reservas de glucógeno se gastan en media hora, aunque si hemos hecho una buena recarga de azúcares y si somos muy eficientes con nuestro ejercicio, podemos hacerlo durar dos o tres horas.

 

El cuerpo es muy reacio a usar grasas, pero si se anima a hacerlo, tenemos fuente de energía para rato. Hasta la persona más flaca tiene grasas para aportar energía al ejercicio durante días, pues apenas unos gramos de grasa contienen muchas calorías. El problema es que la liberación de esa energía contenida en las grasas es muy lenta. Y por eso hay que entrenar al cuerpo. Por eso hay días que nos toca “correr en ayunas” para que el cuerpo empiece a usar grasas antes y mejor: tras el ayuno nocturno queda poco azúcar disponible y no le dejamos mucha mas alternativa al cuerpo que usar grasas para mover los músculos.

 

En fin, todo esto para descubrir lo que la humanidad lleva sabiendo de siempre, que tras la noche nos levantamos con hambre, y que el cuerpo nos pide romper el ayuno con un buen desayuno. Y eso que algunos sólo toman un café cortado… ¡pero eso ya es otra historia!

 

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Breve historia de un arnés viejo

Posted in Momentos, Mountain & Buggy, Power kites, Tracción with tags , , , , , , on 29 agosto, 2019 by kitesandwind

Hay objetos que te despistan: ¿Qué hace esto aquí? ¿de dónde lo habré sacado? Hay objetos que evocan situaciones casi olvidadas: ¡Anda, pero si esto es de cuando yo estaba haciendo…! Y hay objetos que te suscitan emociones encontradas: ¡Que mal debía estar de dinero para comprarme algo tan cutre! ¿Cómo puede tener algo este acabado tan rudimentario? ¡Aunque ahora que lo miro bien, es tan viejo que ya es antiguo!… y te sonries.

 

El otro día rebuscando en los armarios del garaje el material para podernos ir a volar cometas y hacer kitesurf en un embalse, me encontré este “antiguo” arnés.

 

 

Debía tener más de quince años, posiblemente veinte. Ni me acordaba de que lo tenía. Pero me hacía mucha falta porque nos íbamos al agua mis dos hijos y yo, y solo tenía dos arneses en uso… ¿Para qué lo compraría? ¿A quién?

 

El arnés en cuestión no podía ser más simple y estar más desgastado. Incluso un poco roto. Empecé a hacer memoria mientras lo miraba por delante y por detrás y le daba vueltas en las manos. Lo compré de segunda mano, claro. Yo apenas lo he usado y aquello tenia mucho uso. Lo tuve que comprar a través de un viejo foro de cometas que hace años que ya no visito. Debí pagar por el una miseria. Lo compré, ahora me estaba acordando, para usarlo con el buggy. Un arnés sencillo, pequeño, de los de asiento, que al agarrarse también por las piernas no se te suben hasta el sobaco cuando la cometa tira del gancho metálico al que la atas.

 

Era una época de pruebas, de aprender, de gastar dinero, poco, pero de gastarlo en cosas a modo de experimento sin saber muy bien si me iría bien o si sería lo que yo necesitaba. El buggy acababa de llegar, y algunos amigos me enseñaron a montarlo y compartieron los trucos básicos para pilotarlo y rodar con el empujado por el viento. Empecé con las cometas que llamábamos de brida fija, las que no llevaban una barra con la que regular su potencia. Esas cometas se agarran con un mando en cada mano. Tiras de la derecha, la cometa va a la derecha. Tiras de la izquierda, la cometa va a la izquierda. Simple. Pero eso no es todo. En la parte de abajo de cada mando se ata una línea de potencia. Si tiras hacia ti del mando, tensas esa línea y la cometa gana potencia. ¡Y ya lo creo que gana potencia! Necesitas un arnés para sujetar un poco esos mandos ya que a los pocos minutos las manos se quedan sin apenas fuerza para seguir pilotando si agarras directamente la cometa a través de aquellos mandos.

 

La idea es unir los dos mandos entre sí con una cuerda y pasar esa cuerda por el gancho del arnés. Así descargas la mayor parte de la fuerza de la cometa sobre el arnés (y este sobre tu cintura) y dejas las manos bastante libres para pilotarla. Pero aquello tiene su truco, y cuando la cometa tira demasiado u ocurre algún problema no siempre logras sacar aquella cuerda del arnés a tiempo y sufres lo que se conoce como una “sacada”. La cometa te levanta y te arrastra como un muñeco sin que puedas evitarlo. Apenas puedes ver cómo y dónde aterrizas, pero el castañazo está asegurado.

 

Así que pronto desistí de esa modalidad de brida fija. Y aquel arnés con su gancho metálico entró en hibernación en el fondo del armario. Hasta el otro día, que al revisarlo pensé “Joder, esto me va a servir para el agua! Aquí puedo enganchar bien la cometa hinchable” Y así fue. El arnés salió de su sueño oscuro y seco en el armario a la luz, el agua y el viento de un largo día de verano haciendo kitesurf.

 

Medio roto y descosido como estaba, me fijé otra vez en sus cintas y descubrí que el dueño anterior, hace muchos años, había remplazado una cinta original por una de las que producía nuestro querido amigo Luis en Valladolid.

Luis, que igual te construye un ala delta que te repara unos esquíes o un parapente, tiene una fábrica-tienda que es su segundo hogar y el sueño de muchos, como yo, que disfrutaríamos ensamblando piezas e ideando soluciones mecánicas para pasarlo bien al aire libre. La tienda-fábrica de Luis se llama Windaction. El mismo nombre de la marca que se leía en esa cinta inusual del viejo arnés. Y el mismo nombre de la marca de mi buggy, que se lo compré al propio Luis hace mucho, mucho tiempo.

 

¡Que vueltas de la vida!

La historia de mis zapatillas

Posted in carrera de montaña, Sin categoría, trail running with tags , , , , on 16 agosto, 2019 by kitesandwind

Todos los corredores, indistintamente de su nivel y experiencia, mantienen una relación intensa con sus zapatillas. No en vano, son su única conexión con el mundo mientras corren. Quien mas, quien menos ha probado una buena cantidad de zapatillas a lo largo de su vida como corredor. Y es común que con algunas se establezca profundas relaciones de amor.

Yo no soy ninguna excepción. Calculo que he corrido con mas de treinta modelos distintos. Algunos han pasado sin pena ni gloria, otros me causaron rozaduras o ampollas a las pocas horas e incluso los hubo que me generaron inestabilidad e inseguridad al saltar entre las rocas… Reorganizando mi armario, he rescatado las treces zapatillas con las que mas he disfrutado, y aquí les dedico un pequeño homenaje.

Las trece zapatillas con las que mas he disfrutado, ordenadas en grado creciente de protección. (1) mi pie izquierdo, junto con el derecho me ha llevado lejos sin protección adicional. (2) y (3) dos modelos de Five Fingers con suela Vibran, el (3) con taco suficiente para correr en montaña… con cuidado! (4) Merrel trail glove. (5) Inov Terra Claw 220. (6) Salomon Lab Sense. (7) Salomon S-Lab Sense 5 Ultra SG. (8) Inov Trail Rock. (9) Inov Roclite 315. (10) Inov Roclite 8 315 con Gore Tex. (11) Salomon Speedcross de bota. (12) Saucony Breakthru. (13) Hoya Speadgoat.

 

La primera zapatilla es tu propio pie (1). Pero salvo casos muy excepcionales, en los países occidentales nos embuten el pie en un calzado a los pocos meses de nacer, y tiene que ser un ejercicio voluntario, de adulto y contracorriente, el sacar los pies del zapato para caminar o correr. Yo nací con un problema en mi pie izquierdo (equino vado supinado) y tuve que gatear con escayola y pasar media infancia con zapato ortopédico. Quizá por eso siempre disfruté mucho de sacar los pies a pasear, de caminar descalzo por casa, por la playa, por el césped… Con 40 años decidí  comenzar a correr descalzo. Me llevó varios meses acostumbrar el pie a pisar bien en suelo duro y variable. He llegado a correr 10 kms en 50 minutos completamente descalzo y es increíble comprobar lo bien diseñado que está nuestro pie y lo poco que duele pisar piedras o pequeños cristales cuando corres sobre asfalto. Cuando quise aumentar la frecuencia de sesiones de carrera descalzo, comprobé que mi piel no se regeneraba a la suficiente velocidad. No podía correr mas de dos veces por semana descalzo, y aun así, si pasaba por terreno abrasivo, simplemente el enlosado de la acera de la puerta de mi casa, se me quedaba la planta del pie muy fina, demasiado fina, y comenzaban dolores, ampollas e infecciones. Asi que para entrenar los cinco o seis días a la semana que me ha gustado siempre entrenar, no me quedó mas remedio que proteger la planta del pie.

Y así redescubrí las zapatillas de dedos (2) o las famosas five fingers. Ya las había usado y me ayudaron mucho a mejorar la biomecanica, a apoyar bien el pie, a caer de antepié… Con los five fingers podía correr con mas frecuencia y distancias mayores sin que se me pelara la piel del pié. Probé varios modelos. Todos con suela Vibran, de gran calidad y muy resistente. Me encantaron las que están pensadas para terreno irregular, que tienen pequeños tacos (3). Con ellas corrí por nieve, no solo por barro, piedras y arena. Y la tracción es increíble. Pero una día en la fuerte bajada de Bola del Mundo a la Barranca, en la Sierra de Guadarrama, sentí el pie muy expuesto a los impactos con las rocas y me prometí que no haría nunca mas una bajada de 1000 m y 6 kms por terreno técnico y rocoso con un calzado así.

Continué mucho tiempo explorando el calzado minimalista. Disfruté muchos años con la marca Merrell. Me gustaron mucho las Trail Glove (4). Mas tarde descubrí la casa Inov, y casi todas sus zapatillas minimalistas me gustaron. Poco drop (diferencia entre punta y talon de altura sobre el suelo, es decir, “inclinación” o efecto “tacon”) y muy ligeras, aunque con buenos tacos y estupendo agarre en barro y roca. De esta marca Inov, corrí muchos kms y algun ultramaraton de montaña con las Terraclaw (5) que pesan sólo 220 gramos.

Correr en montaña, tarde o temprano te pone en contacto con las zapatillas Salomon. Las mas ligeras, las Lab Sense (6) son geniales, buena tracción a pesar de sus pequeños tacos, muy ligeras y una confección y ajuste increibles. Pero muy caras, asi que las reservo para carreras y ocasiones especiales.

Un grado mas de protección y con un taco mas agresivo, las S-Lab Sense 5 ultra SG (7). Me gustan, pero para carreras cortas. Me aprietan un poco los dedos, no me dejan tanta libertad en el antepié, y cuando me he ido por encima de los 30 kms acabo con molestias y alguna pequeña ampolla. Para 15 kms en barro, genial.

El paso bueno para el barro, el agua, las turberas siempre empapadas lo di con otras Inov, las Trail Rock (8), muy ligeras, con un taco marcado y una redecilla que transpira y se moja y se seca con rapidez.

 

Enamorado como estaba, y aun estoy, de las Inov, busqué alguna con algo mas de amortiguación y protección para tiradas mas largas y porque voy acumulando lesiones y años en mi pobre cuerpo… Las Roclite 315 (9) me han ido muy bien y las usé con felicidad en varios ultramaratones.

Para correr en nieve no solo hace falta buenos tacos y buena tracción, sino también prevenir que te mojes mucho el pie y se quede congelado. Algo crucial si vas a estar varias horas ahí fuera. Así me hice con las Inov Roclite 8 315 pero con Gore Tex (10). Me fueron muy bien en Islandia. Geniales para caminar y corretear por nieve. Sin embargo, en el ultramaraton de los Alpes este año me resultaron pesadas y me provocaron alguna uña negra y rozaduras tras 9 horas de montaña. Eso si, son “water proof” total, con unas polainas, no te entra nieve ni agua y acabas con el pie y los calcetines bien secos.

He disfrutado mucho, aunque he tenido pocas ocasiones, las Salomon Speedcross de bota (11). Te agarran muy bien el tobillo y evitan que entre nieve. Los tacos son muy buenos. No obstante, las Speecross no me acaban de gustar porque tiene mucho drop: 10 milimetros!!! No acaba de gustarme tanto tacon. Todo lo que sea mas de 4 o 6 mm, me genera inestabilidad y desconfianza. Estas botitas estan bien para entrenamientos y carreras cortitas con mucha nieve.

 

Como no todo va ser correr por el campo y la montaña, siempre hay que tener alguna zapatilla polivalente que puedas meter en pista y que vaya bien en asfalto. Además, acumulando desgaste y lesiones en tobillos y rodillas, hay que tener zapatillas que mimen un poco el pie. Yo estoy feliz con las Saucony Breakthru (12). Ligeras, amortiguadas, un pelo demasiado drop (8 mm), pero me acostumbré y voy bien en pista y hasta en caminos poco técnicos.

Mi ultima adquisición está mediada por mi lenta recuperación de la operación de menisco. El año pasado me quitaron un trozo, y aunque recuperé rápido y bien, comencé a correr carreras de montaña demasiado pronto y me hice alguna molesta avería tipo edema óseo y similar. La semana pasada me hice con estos gigantones de Hoya, las Speadgoat (13) y aunque vas un poco como subido a unos andamios, tiene un drop razonable y son increiblemente ligeras. Me vi muy bien corriendo con ellas, atenuando el impacto sobre mi aun maltrecha rodilla. Estoy aun probandolas, pero las vibraciones son buenas…

 

 

Correr solo por la montaña

Posted in carrera de montaña, Running, trail running with tags , , , on 13 agosto, 2019 by kitesandwind

Unir el esfuerzo físico de correr con el placer y la emoción de recorrer montañas y subir cimas es una auténtica gozada. No es nada sorprendente que la carrera de montaña o el trail running se haya puesto tan de moda en los últimos años. Si algo tiene de bueno el entrenamiento para poder correr por la montaña con ciertas garantías es que debe ser completo. No basta con tener una buena base aeróbica (o cardio), es decir, resistencia. Hay que sumar fuerza en músculos clave (cuádriceps, gemelos, glúteos y todo el core). Y también equilibrio, coordinación, agilidad… Nunca estás lo suficientemente entrenado porque siempre hay algo que necesita atención cuando hay tantos frentes abiertos. Y eso es, unido al deleite del paisaje, lo que hace tan atractivo correr por las montañas.

 

Un paso más, un desafío superior, es correr solo por desniveles y montañas. Es estimulante y divertido correr acompañado, pero correr solo tiene un punto de respeto y aventura, y supone una gran oportunidad para conocerse mejor, para sondear los límites, para rumiar ideas y para pensar en grande aprovechando el subidón doble: el que produce el esfuerzo y el que conlleva hacer cumbre. Extremando precauciones, correr solo en la montaña y sobre todo descubrir rutas, paisajes y cimas sin mas compañía que el viento en la cara es una de las mejores y mas intensas experiencias que uno puede disfrutar.

 

En los últimos años he tenido la fortuna de poder correr por montañas en diversos continentes. Todo empezó con mi primera aventura en los Andes chilenos. Con poca experiencia, fui muy ligero de ropa, agua y geles, y escasa información geográfica que me obligó a improvisar la segunda parte de la ruta cuando aparecieron unas paredes que no se veian en Google Maps… Acabó bien la historia, pero corrí riesgos que me propuse no volver a correr yendo solo. Aquí se ve aquella primera carrera en solitario:

https://www.youtube.com/watch?v=riotCYKalUM&t=114s

 

 

 

Años mas tarde, aprovechando una estancia larga de trabajo en el Jardín Botánico de Rio de Janeiro, corri por la famosa senda entre Teresopolis y Petropolis. Un clásico del sederismo brasileño que, ligero de ropa se puede hacer en un dia corto. Preciosos paisajes y fuertes desniveles:

 

https://www.youtube.com/watch?v=vH9jWy6VRbs&t=360s

 

También durante un viaje de trabajo, en esta ocasión al Instituto Cervantes de Tetuán, pude escaparme y disfrutar de la naturaleza solitaria y salvaje de las montañas del Rift, en el norte de Africa:

 

 

https://www.youtube.com/watch?v=Ix7ZdJroDDY